Apetitos afilados. Dientes entonados. Oídos hambrientos.

lunes, agosto 09, 2010

Discos de la década: #1, Arcade Fire - Funeral (2004)


El debut de Arcade Fire supuso un antes y un después en la pasada década. Pero no fue una revolución: el álbum se lanzó en 2004 y su aura fue extendiéndose lentamente hasta llegar a cada rincón del planeta. En España apareció en las listas de lo mejor del año... 2005.

Funeral tenía todos los ingredientes para triunfar. En primer lugar, es una música visceral, que ataca directamente a la emoción del que escucha. Todo el mundo se puede sentir identificado por ella. Segundo, su gestación está marcada por una historia trágica: surgió a raíz de la muerte de varios familiares de miembros del grupo en un accidente de tráfico; además, por ello también resulta un disco conceptual. Tercero, comparte muchas características típicas de la década pero se resiste a ser etiquetado: el grupo tiene muchos componentes, como aquellos de pop luminoso deudores de Belle & Sebastian (con los que comparte cierto barroquismo); tiene elementos del revival folk (que estaba surgiendo en aquel momento: el movimiento más potente de estos últimos diez años) pero también del post-punk que le antecedió. Cuarto: hay una pareja, y eso significa tensión creativa, si bien en este caso parecen bien avenidos: Win Butler y Régine Chassagne están felizmente casados.


Quizá el motivo que le otorgue un aura superior al resto de sus compañeros de época es que, en la época de Internet y el apogeo de la canción sobre el disco, Funeral sea un álbum sólido de principio a fin, que parece contarte una historia: es un disco cerrado y no una colección de canciones. Puedes conectar emocionalmente con la urgencia de Neighbourhood #1 (Tunnels), el carácter contemplativo de Neighbourhood #4 (7 kettles) o el subidón de Wake up sin cortes.


Arcade Fire puede ser la renovación del rock de estadio, en su mejor acepción. Pero en un mundo cada vez más globalizado, este rock ha adquirido un carácter íntimo.

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martes, abril 20, 2010

Discos de la década: #3, Animal Collective - Strawberry Jam (2007)


Strawberry Jam fue el principio de todo. Animal Collective ha ido depurando las melodías y los ritmos desde sus comienzos plenamente experimentales, consiguiendo sumar con cada acercamiento al pop numerosos seguidores sin perder ni aburrir a aquellos que se enorgullecían de ser los primeros en conocerles. Pero con este disco uno ya supo que se encontraba ante el grupo de la década.

Está bien, Spirit they’re gone, spirit they’ve vanished (2000), Dansee Manatee (2001), Hollindagain (2002), Campfire songs (2003) y Here comes the Indian (2003) son duros de oír, aunque el primero es un disco muy bueno y el último es una obra maestra. Sung Tongs (2004) es enorme, pero también se entiende que su propuesta (guitarras rasgueadas hasta el infinito y percusiones tribales acompañan a preciosas melodías que pueden cambiar bruscamente) sea difícil de digerir. A pesar de ello, es la obra más influyente de los chicos de Baltimore, y bastantes grupos se han dedicado a seguir explorando los caminos que quedaban inconclusos con cada vuelta de tuerca de estos gurús indies.

Feels (2005) añadió una instrumentación más rica y popularizó los arpeggiators (no sé si tiene traducción al español: ¿arpegiadores?), aquellos cacharros que repiten las notas de un acorde subiendo y bajándolas, creando extraños paisajes psicodélicos. Y las melodías se iban simplificando y concretando: sus dos primeros temas, Did you see the words y Grass pueden rivalizar con cualquier canción pop de cualquier época.

EP’s aparte, su siguiente lanzamiento es Strawberry Jam. Aquí recopilan sus elementos anteriores y los limpian para fabricar un pop cristalino extrañamente personal, diferente, que sólo se parece a él mismo. Lo que prevalece ahora es la canción. Reúnen toda su experiencia en la experimentación y todo su talento (porque para hacer esas melodías hay que tener un don) para lanzar un clásico imperecedero: Peacebone, Chores, Fireworks o Derek se escuchan en cualquier momento o condición con una sonrisa. Es el disco perfecto para ser feliz.

Luego vendrá Merriweather Post Pavilion (2009) y revolucionará el mundo, pero eso es otra historia.

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viernes, marzo 19, 2010

Discos De La Década: #5, Franz Ferdinand - Franz Ferdinand (2004)

Está jodido, ésto. Me explico. Indiscutilemente, Kapranos y sus secuaces merecen, de una u otra manera, estar en ésta lista. Pero, ¿con qué? Con ellos me resulta muy difícil establecer una división. De su primer album se sacaron tantos singles que casi se juntaron con el primero de "You could have it so much better". Que a su vez tuvo otros tantos...

La raíz del problema es que Franz Fredinand, para mí, son un grupo de canciones. De aplastantes, eléctricas, apasionantes, divertidas y brillantes canciones. Que además son todas ellas igual de aplastantes, eléc... bueno, todo eso...

En éstas circunstancias, la mejor solución es hacer la división en el mismo lugar que la hicieron ellos. En los poco más de 38 minutos que dura su primer disco. O colección de canciones. O lo que le queramos llamar

Franz Ferdinand (disco) resulta maravilloso en si mismo; conozco muy pocos LPs (grupos) tan disfrutables. Y atemporales. Take me out, por ejemplo, suena igual de fresca hoy, que hace (¡ya!) 6 años, o que hubiera sonado en 1981, por poner un año al azar. Y lo mismo con Michael. O con cualquier canción que podamos elegir. Ya lo he dicho: son todas sensacionales.



Pero hay otras dos cosas aún mejores sobre éste disco. La primera es la repercusión en su momento. Si ya había roto, en 2004, el "rock que se suda" (más sobre ésto, pronto), con ellos se asentó otro fenómeno que cambió el aspecto de varios miles de bares: el "rock que se baila". Y con conocimiento de causa: que las niñas indies bailasen su música favorita es lo que Alex Kapranos siempre ha dicho que quería.

La segunda es una sensación más personal: Franz Ferdinand rompieron en el momento en el que más necesarios eran. Porque si bien la música en Gran Bretaña siempre ha gozad de una salud más o menos digna, desde Pulp, y algo menos Blur, no había salido una banda que llegase alto (siempre, en las coordenadas musicales en las que nos movemos), sin ser, "a lo Oasis" un grupo "for the lads", que es una cosa muy británica y que se explica imaginándose a una banda de hooligans berreando wonderwall en Benidorm... (sobre lo que nos han colocado bajo la etiqueta de "independiente" siendo todo lo contrario, ya hablaremos). Con ellos, se acabaron las camisetas de futbol en los conciertos y volvieron las camisas y las parkas, los alaridos dejaron el paso a desenfadados bailes o saltos, y la sosez escénica pasó a la historia...

Pero, ya digo, eso es una sensación personal. La realidad es que Franz Ferdinand (disco) es tan bueno, y tan infeccioso, que seguro que todos tenéis ya Take Me Out, o cualquier otra, en la cabeza. ¿A que si?

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lunes, marzo 01, 2010

Discos De La Década: #6, Joanna Newsom - Ys


Coincide esta reseña con la publicación del nuevo disco de Joanna Newsom, un triple álbum con cerca de dos horas de música. Quizás los adjetivos como "denso", "ambicioso" o "arriesgado" que teníamos preparados para hablar de "Ys" se hayan quedado viejos, pero todo eso era aquel disco en 2006 y creo que sigue siéndolo ahora.

Después de un debut fantástico con "The Milk-Eyed Mender", la arpista californiana sorprendió a todos en un extraño segundo disco de cinco larguísimas canciones, arreglos sinfónicos y una portada de aire medieval que a muchos nos echó para atrás. Sin embargo, detrás de todo aquello, había un álbum enorme. Algunos lo vieron desde el principio (¡9,4 en Pitchfork!) y otros necesitamos un poquito más.

"Ys" es, tanto por su sonido como por su vocación cuentacuentos, un álbum de folk; un folk moderno (¡y eterno!); con algo del post-rock en esas subidas y bajadas de intensidad, en el uso del silencio; con unos arreglos enormes a cargo del mítico Van Dyke Parks; y con la voz personalísima de Newsom en primer plano.

Si musicalmente "Ys" es complejo, casi lo es más desde el punto de vista lírico. Cierto, las letras cuestan (aviso: ármense de diccionario ante el uso de bastante inglés antiguo), pero terminan por encajar de forma casi mágica, sobre todo en la increíble "Emily" que abre el disco con la historia de la hermana astrónoma de la cantante.

Cuesta decir si esa es la mejor canción de las cinco, porque "Cosmia" es de una belleza que casi duele y porque el final de "Sawdust and Diamonds" pone los pelos de punta y, sobre todo, porque "Only Skin" es una maravilla absoluta que se convierte en todavía algo más en el momento en el que Bill Callahan hace su aparición estelar.

Lo dicho, si en su momento les dio miedo o pereza o lo que sea, recuperen "Ys". Se va a quedar por su reproductor una buena temporada.

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sábado, febrero 20, 2010

Discos De La Década: #7, Wilco - A Ghost Is Born


Hay ocasiones en las que los mejores discos son, también, los más extraños. Y A Ghost Is Born, lo es. De lo mejor, digo, y extraño también.

Es de lo mejor, a día de hoy lo mejor que han hecho Jeff Tweedy y compañía, porque va un paso más allá en el camino abierto por Yankee Hotel Foxtrot, y mejorando sobre aquel, lo que son palabras mayores. No sólo la mano de Jim O'Rourke está más presente que antes(por mucho que piense que los dichosos pro-tools han hecho más daño que otra cosa), y la osadía de Jeff Tweedy haciendo solos de manera poco convencional funciona. Hasta el punto que ese tipo de solos fragmentados, como entrecortados, son reconocibles al momento como Wilco, o su influencia.

Y ésta es una de sus peculiaridades. Su sonido es... frío, distante en ocasiones. Pero hay más. Alguno de los cortes son inusualmente largos, con codas extrañas y sonidos electrónicos peculiares. Ésto, llevado al extremo, es lo que ocurre con Less Than You Think, un corte que ellos mismos admitieron pensar que nadie iba a poder soportar (y que yo, de hecho, no puedo). Creo que los expertos llaman a todas éstas extrañezas "experimentación". Muchas veces dicha experimentación crea monstruos.

Otras, escasas, obras maestras.


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martes, febrero 09, 2010

Discos de la década: #8, Radiohead - Kid A

Es curioso como un disco que parecía tan futurista y visionario en su momento ahora lo veamos como un producto de la evolución musical de los 90. Pronto el pop se dejaría de complejidades, de mensajes de trascendencia, y adoptaría de nuevo la sencillez como eje sobre el que moverse.

Así que, pasados diez años, uno regresa a Kid A y se pregunta: ¿qué queda de ti? Lo vemos como cuando miramos la foto de una novia pasada y de la que nos volvemos a acordar después de mucho tiempo: ya no hay amor, el cariño volverá cuando empiecen a florecer los recuerdos, pero ¿mientras tanto? Queda la curiosidad. Y la certeza de que, cuando pasen los próximos diez años, Kid A estará a la altura de los grandes clásicos, como el Sgt. Peppers, el Dark side of the Moon o el Closer.

Sobre todo a la altura de este último. Como la obra póstuma de Joy Division, el cuarto disco de Radiohead parece no dejar lugar en ningún momento a la esperanza. Si en el 80 eran los teclados los que parecían profanar una verdad tan sagrada como el post-punk, en el 2000 es la electrónica la que reinventa el pop más oscuro, deformándolo, deshaciendo las estructuras de las canciones y adaptándolas a un mensaje conjunto nada alentador.

Desfilan ‘Everything in its right place’, ‘Kid A’, ‘The National Anthem’, temas totalmente distintos pero coherentes, como las diferentes paradas en un camino, en un via crucis.

Como Closer, ya no pertenece a ningún género. Como Closer, parece una obra inconclusa, no hay atisbo de esperanza en ningún lado. Bueno, quizá sí: escuchen el tema escondido.

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jueves, enero 28, 2010

Discos De La Década: #9, Belle & Sebastian - Fold Your Hands Child, You Walk Like a Peasant (2000)


Alrededor del año 2000, Belle & Sebastian vivían en plena crisis. El grupo, tal y como había sido hasta entonces, estaba herido de muerte. Después de tres discos brillantes, la banda no sabía por dónde continuar. Stuart David dejaba el grupo, Isobel Campbell estaba a punto de hacerlo y el resto, según aseguran en su biografía, se planteaba tirar la toalla. Tocaba reinventarse o dar por terminada la aventura.

Finalmente, los escoceses optarían por renacer, pero sólo lo conseguirían unos años después, con el giro radical que supuso "Dear Catastrophe Waitress". Otra historia. La que nos ocupa aquí es la del epitafio que dejaron los primeros Belle & Sebastian: "Fold Your Hands Child, You Walk Like a Peasant". Ése fue el final del grupo que no daba entrevistas, que apenas giraba, que reservaba muchos de sus mejores temas para los EPs y que se oponía a que ningún productor tocase sus canciones.

"Fold Your Hands..." mantiene todas las señas de identidad de lo que era aquella banda, a pesar de que aquella banda probablemente ya no quería ser la misma. Stuart Murdoch recuperó un par de canciones antiguas que tenía guardadas, escribió unas cuantas maravillas como "I Fought in a War", "The Model" o "There's Too Much Love" y pidió al resto del grupo que diese un paso adelante en la composición, como ya habían empezado a hacer en "The Boy With the Arab Strap". El guitarrista Stevie Jackson le dio la mejor que había hecho hasta la fecha ("The Wrong Girl"), Isobel canta "Family Tree" y la violinista Sarah Martin "Waiting for the Moon to Rise".

Las contribuciones restan unidad al conjunto, sobre todo respecto a los dos primeros discos, donde todo procedía de la cabeza de Stuart. El hilo conductor, en este caso, son los arreglos de cuerda, que Belle & Sebastian estrenan aquí con grandísimos resultados. El disco recibió en su momento criticas bastante negativas y se convirtió en algo así como el álbum maldito de "Belle & Sebastian". Sin embargo, hoy casi nadie duda ya de esta colección de canciones extraordinarias.

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sábado, enero 23, 2010

Discos De La Década: #10, Camera Obscura - Let´s Get Out of This Country (2006)


Algo gordo tuvo que pasar entre 2003 y 2006 en la vida de Tracyanne Campbell. Seguramente algo malo -las cosas buenas no suelen desencadenar muchos cambios, ¿no?- que obligó a la chica tímida que tenía un grupo llamado Camera Obscura a sacudirse de encima unos cuantos complejos. Es probable, además, que durante esa época en casa de la chica triste sonasen en bucle las Ronettes y las Shangri Las. La aguja que unos años antes apenas tocaba más que los surcos del puñado de discos grabados por una banda de Glasgow con nombre de dibujos animados debía de alegrarse de conocer el muro de sonido de Phil Spector y otras joyas del pasado.

Y después de mucho llorar o de mirar a la pared sin ganas de hacer nada, Tracyanne -esto es casi seguro- garabateó unas cuantas de sus frustraciones sobre una libreta rayada y un sábado, cuando salió el sol, decidió por fin llamar a sus amigos y decirles que trajesen las guitarras y el bajo y el teclado e incluso una pequeña batería. Así -en serio, estoy prácticamente convencido- nació "Let´s Get Out of This Country", el disco que cambió por completo a Camera Obscura. Los escoceses se quitaron de un golpe la sombre omnipresente de Belle & Sebastian y abrazaron un sonido retro pero propio. Tracyanne dejó de susurrar, decidió cantar y demostró hacerlo de maravilla. Y sus amigos se dieron cuenta de que podían tocar más fuerte, sin miedo, y grabar un disco que la gente iba a recordar.

"Lloyd, I´m Ready to be Heartbroken" es el single perfecto que Camera Obscura sólo podían hacer desde esta pequeña revolución. Lo mismo que pasa con la canción que da título al álbum o en "If Looks Could Kille", los temas más animados, más producidos y en los que el giro del grupo es más evidente. Ahí se oye por primera vez ese sonido característico que han reproducido posteriormente con éxito. Junto a ellas, las baladas tradicionales de los escoceses, como "Razzle Dazzle Rose", reforzadas por un sonido más compacto y ambicioso, completan el disco que difícilmente conseguirán superar en el futuro.

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domingo, enero 10, 2010

Discos De La Década: #11, The Moldy Peaches - The Moldy Peaches (2001)


Es fácil caer en el error de tomar a The Moldy Peaches como una broma. Resulte graciosa o de mal gusto, el sonido desastroso, las letras alucinadas o los descojones en plena grabación que aparecen tal cual invitan a pensar en la gracieta de unos listillos. Pobres de quienes se quedaran con esa impresión. Al contrario, Kimya Dawson y Adam Green van totalmente en serio. Detrás de ese lo-fi llevado al extremo, el dúo entrega una espectacular colección de canciones en las que el manto de cutrez es solo una forma de dejar claro qué es lo importante.

El disco arranca con "Lucky Number Nine" y ahí está ya casi todo lo que lo define. Esa batería que suena a lata, esa guitarra nivel iniciación, las dos voces con su fraseo desganado y las letras... esas letras que pueden hablar de descargar porno con un amigo o de hamburguesas locas y al mismo tiempo construir una de las baladas más tiernas que se pueden recordar. Porque es cuando en el cuarto corte suena "Nothing Came Out" cuando uno se da cuenta de que aquí nadie está de coña. La voz de Kimya, inocente pero determinada, casi duele y deja una serie de líneas memorables que ni un teléfono que empieza a sonar en medio de todo ni un solo a lo guitar hero pueden empañar.

A partir de ahí, rocanroles con letras infantiles o sólo para adultos, un rap, gotas de dulzura como la ahora famosa "Anyone Else But You", mucho punk y joyas como "Steak For Chicken" y sus letras entrecruzadas. The Moldy Peaches, desde su habitación de Nueva York, son dos niños llenos de talento que, una vez más, se encargan de recordar al mundo que lo único que hace falta para hacer algo grande es imaginación y personalidad.



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viernes, enero 01, 2010

Discos De La Década: #12, The White Stripes - White Blood Cells

Probablemente Jack White haya sido uno de los personajes más influyentes e el mundillo musical en la últma década. Al menos dentro del (autolimitado) círculo en el que se mueve. Pero ha tenido el acierto de hacer muchas cosas, y de hacerlas bien. A su carrera con Meg ha unido a los brillantes Raconteurs (¡qué bueno es Brendan Benson!), ha tocado la batería (mejor que Meg, mil veces) con The Dead Weather, ha hecho cine con Jarmusch, entrevistas a duo con Iggy Pop, le ha partido los morros a Jason "Von Bondie" Stollsteimer... Sólo falta algún escándalo de drogas para ser de pleno derecho una Rock and Roll star de las de toda la vida. (El escándalo de sexo ya lo tuvo con la relación con su ¿novia? ¿esposa? ¿hermana? ¿rollo incestuoso? Meg...)


Pienso que fue con éste disco con el que empezó todo eso. Si bien The White Strpes ya llevaban dos (notables) álbumes previos, White Blood Cells es inmensamente superior a ambos (y a todos los posteriores, entre los que sólo Elephant se acerca a éste nivel). Aquí hay canciones variadas, todo lo variadas que el formato guitarra-batería-voz permite, desde la casi ramoniana Fell In Love With a Girl (con, por cierto, el videoclip de la década), pasando por la folky Hotel Yorba, psicodelias como I Think I Smell a Rat, o interpetaciones del "LOUD-quiet-LOUD" de The Pixies como Now Mary. Dichas canciones tienen una produccuión muy cuidada, de modo que "suena bien", pero no pierde el filo cuando hace falta, y tras dos discos cantados a berridos, Jack controla la voz al fin.

Pero por encima de todo eso está la trascendencia de éste disco. Tras una década donde se impusieron las guitarras-aburridas-rascando-tristes-acordes (hola Noel y Bonehead, y seguidores), y donde hacer un solo se veía como hacerse una paja en público, de repente apareció un tipo haciendo exactamente eso, y de repente ser un "guitar hero" volvió a molar (tanto que, al límite de la perversión, eso es un videojuego a día de hoy...). Además, el formato guitarra-batería salió de la sombra, y el sonido "blues riudoso lo-fi" alcanzó una repercusión insospechada. Al mismo tiempo, Jack White descubría la marimba y hacía un disco infumable. Pero eso es otra película que no emborrona nada la calidad o el peso de White Blood Cells.

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miércoles, diciembre 23, 2009

Discos de la década #13: Devendra Banhart, Rejoicing in the hands (2004)

El boom con que el mundo recibió a Devendra Banhart parece que se ha diluido de un tiempo a esta parte, sobre todo después de que el tipo más raro del folk decidiera emular a Led Zeppelin o Black Sabbath siempre, eso sí, desde su punto de vista personal. Y ya sabemos que la turba independiente sigue considerando a Led Zeppelin y a Black Sabbath dinosaurios del rock sin ningún interés.

Pero antes de eso, antes incluso de que su folk empezara a colorearse con sonoridades psicodélicas, Devendra sacó un disco en el que su guitarra y su voz bailaban casi al desnudo. Y el resto es historia, marcada por una personalidad única que además ha sido aglutinadora de talento. Numerosos artistas que intentan ofrecer una relación nueva entre indie y naturaleza han surgido bajo su protección.




Y el principio fue este Rejoicing in the hands. La fórmula no es nueva, y sin embargo ahí está la originalidad. Todo suena floreado, le ha quitado el polvo al folk, ahogado en su propia seriedad, y le ha dado libertad creadora. Cinco años después de su lanzamiento ya no sorprende tanto esta colección de canciones sacadas de debajo de la cama, pero su vitalidad sigue impresionando.

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miércoles, diciembre 16, 2009

Discos de la década #14: Antony & the Johnsons, I am a bird now (2005)

La música de Antony (Paul Hegarty) es tan personal como su voz. Pocas personas tienen un gusto tan exquisito para mezclar dramatismo de cabaret, soul y frescura pop. Pocas son capaces de llenar un disco de medios tiempos sin que resulte monótono, aburrido.

En I am a bird now no sobra nada. No hay una sola canción de relleno, no hay un arreglo en vano. Todo transcurre con la misma naturalidad con la que Antony desgrana sus emociones, huyendo de la exageración del melodrama en que ha caído en otras ocasiones. Y empatizas con él hasta anunciar orgulloso que “for today I am a boy”, o rezas y piensas que “hope there’s someone who’ll take care of me”, o proclamas a los cuatro vientos que “I’m free at last”.

La naturalidad es tal que parece que todo está siendo interpretado en directo, en este mismo instante. Percibes el aire alrededor de los instrumentos y a Antony acariciando el piano, apoyado (o mejor, arropado) por su banda, los Johnsons, que le da el toque de color justo a las canciones (una guitarra por aquí, unos vientos por allá). Y no tienen miedo del silencio, un aliado más. Todo fluye. Es lo que tienen las cosas no enlatadas, libres.

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miércoles, diciembre 09, 2009

Discos de la década #15: TV on the Radio, Return to Cookie Mountain (2006)


Hay una secuencia en Con la muerte en los talones (Alfred Hitchcock, 1959) en que un Cary Grant borracho intenta dominar un descapotable a toda velocidad con el que los malos pretendían despeñarle haciéndolo pasar por un accidente. En un esfuerzo realmente loable para lo ebrio que está, Grant (o, mejor dicho, Roger Thornill) empuja fuera del coche a su secuestrador y trata de no caer por el acantilado.

Como se acostumbraba a hacer en aquella época, Hitchcock grabó a Grant en el coche dando volantazos y luego añadió un fondo con más o menos fortuna, pues no siempre los giros del volante se corresponden con los que hace el paisaje de detrás. La escena, vista hoy día, produce una sensación extraña, pues eres plenamente consciente de que las cosas no encajan como deberían. Sin embargo, esa es la cualidad que hace a esta secuencia especial y añade diversión a la película sin que por ello se vea afectada la credibilidad de forma seria.

Esa es más o menos la sensación que tengo al escuchar Return to Cookie Mountain. Conoces todos los elementos pero parece que no están ensamblados de una forma corriente. Como si hubieran deconstruido las canciones: tienes por un lado un ritmo, por otro una armonía y luego superpones una melodía. Esa ambigüedad es la que le da al disco una sensación tan particular: al revés que la mayoría de grupos, TV on the Radio no experimentan con las partes sino con el todo.

Y el experimento les sale bien: quizá Dear Science (2008) sea más sólido, pero no supera la capacidad de sorpresa de su hermano, nacido dos años antes. Y es que con cada escucha vas descubriendo cosas nuevas, ensamblando las diferentes partes con que juegan estos neoyorquinos.

No obstante, no es una intelectualización del rock. Hay melodías, hay ritmos y hay armonías, y son altamente disfrutables. Mis límites en la cultura musical me impiden reconocer influencias o etiquetas para definirlos y empujar a aquel que no los haya escuchado todavía a hacerlo.

Pero demos unas cuantas ideas: la primera de ellas es una voz con soul, la de Tunde Adebimpe normalmente doblada varias veces y con coros, lo que le da mucha más presencia. Y la segunda, unas bases de aire trip hop con unos ritmos que van desde una machacona constancia hasta los saltos y síncopas africanos.

Si no los conocen, es posible que esto no les haya solucionado nada a la hora de imaginarse a lo que pueden sonar. No se preocupen, yo les he escuchado y todavía estoy pensando qué es.

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viernes, noviembre 27, 2009

Discos De La Década: #16, Richard Hawley - Coles Corner (2005)

Richard Hawley es un sentimental. Tanto que éste disco lleva el nombre de un lugar que, aunque aún existe, ya no es lo que era. Y que, por su historia, supongo que le traiga muchos buenos recuerdos. Esos recuerdos tiñen cada nota del álbum con un tono agidulce y melancólico, pero desesperadamente bello.



Creo sinceramente que Coles Corner es el "sonido Hawley" en su mejor expresión. El que fuera guitarrista titular de britpop tan marcado como Longpigs y, sobre todo, Pulp, y colaborador en punkarradas glam como Hoggboy ha encontrado su camino como crooner contemporáneo, salpicado con dejes rockabilly (si, su imágen de primo inglés de Buddy Holly tine más sustancia que las gafas, el pelo y los trajes), pero acompañado por una voz que, por buena, sorprende que no haya salido antes a la luz.

Coles Corner es, además, de los pocos discos que recuerdo que ha puesto de acuerdo a todo el mundo. ¿El NME valorando un disco igual de bien que Pitchfork? Si me lo dicen no me lo creo. El que no le dieran el premio Mercury a él y si a los Arctic Monkeys casi le hizo un favor; la frase de Alex Turner al recibirlo ("que llamen a la policía, acaban de atracar a Richard Hawley") le ha metido a en mas orejas que todos los premios del mundo juntos. Merecidamente.

Éste no es un disco que vaya a entrar a la primera escucha. Ni siquiera quizás a la segunda. Pero poco a poco va calando en el corazón y en los oídos, y lo que al principio parecía ser una excelente banda sonora para una tarde tranquila con una cerveza acaba transportando a lugares que muy pocos discos, y artistas, pueden llevar.

Hawley's last orders (®Pete McKee)

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miércoles, noviembre 25, 2009

Discos de la década: #17, Sufjan Stevens, Come on Feel the Illinoise (2005)


En el segundo intento de ese megalómano y absurdo plan de dedicar un disco a cada estado de la Unión, Sufjan Stevens ya dio en el clavo. Miró a Illinois y le salió una obra única y personalísima. Una isla que apenas ha tenido continuación, ni por su parte, ni por la de otros.

"Come on Feel the Illinoise" (que así se llama el invento) es un exceso desde todos los puntos de vista. Un exceso de canciones, de arreglos, de referencias históricas, literarias y bíblicas. El LP deja en ridículo a la mayor parte de los "discos concepto" y no lo hace desde la experimentación o la psicodelia, sino desde el folk y el pop orquestado.
Así, deja pequeñas joyas íntimas como "Casimir Pulaski Day" -o cómo enterarse de que un novio/amigo tiene cáncer coincidiendo con la conmemoración de las hazañas de un general de origen polaco- y "John Wayne Gacy Jr." -esa preciosidad tenebrosa sobre un pederasta asesino-.

En el otro extremo, himnos grandiosos como "Chicago" o "The Man of Metropolis", con orquestas desbocadas y coros enormes, casi pop de estadio.

En todas, Sufjan Stevens se encarga de tocar la mayor parte de los instrumentos, en un ejercicio de bricolaje musical al alcance de muy pocos.

De las letras se podría hablar durante horas. Algunos lo han hecho y muy bien. En "Illinoise" están todos los temas: el amor, la amistad, la muerte, el miedo y, claro, Dios. Todos, entrelazados en un sinfín de referencias cruzadas que dan al disco una profundidad mayor que la de muchas novelas.

"Illinoise", por ambicioso y un punto snob, puede provocar rechazo de entrada. Entrar a fondo en el disco es, sin embargo, una de las experiencias de la década.

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viernes, noviembre 20, 2009

Discos de la década: #18, The Pains of Being Pure at Heart, The Pains of Being Pure at Heart (2009)

De vez en cuando, un grupo captura la esencia de todos sus predecesores y es capaz de condensarla en un puñado de canciones. Eso hicieron The Pains of Being Pure at Heart en su primer disco. Ellos se lo deben todo al indiepop británico de los ochenta, a The Pastels, The Field Mice, Talulah Gosh o Another Sunny Day -y un poquito a My Bloody Valentine o a The Jesus and Mary Chain-.

The Pains no inventan nada y tampoco engañan. Lo suyo es un homenaje a su música favorita, una reivindicación de la adolescencia en los veintitantos y del ser indie hasta el extremo de lo naif. Todo eso ya lo dejan claro en su nombre. Triunfan porque consiguen mejorar la fórmula, ya que pocos de esos grupos que adoran tienen un disco como el suyo.



Diez singles en potencia. Guitarras que saltan entre el ruido de fondo y melodías pegadizas que conducen a estribillos para corear a gritos. Las letras tampoco se salen del guión. Hablan de enamorarse como un tonto y pasar la semana esperando a que llegue el sábado para verla o de hacer el amor, pero de hacerlo en una biblioteca y sabiendo que para ella no es tan importante como para tí. Todo ñoño, pero con un punto de perversión.

El conjunto puede sonar a pose, pero viéndoles, uno se da cuenta rápidamente de que no hay ninguna impostura, como no la hay en un disco hecho con el corazón y sin ningún tipo de pretensiones.

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martes, noviembre 17, 2009

Discos de la década: #19, DJ Shadow, The private press (2002)

El agrupar una serie de grabaciones delimitando unas fechas de referencia tan arbitrarias como los años 2000 y 2009 es algo tan arbitrario como el color predominante de su portada. Y es injusto para aquellos álbumes que no entran en el canon de las modas actuales.

The private press, pese a haber nacido en 2002, es un disco de los 90. Por concepto, por producción, por herencia, es una evolución de la música de la década anterior. Primero, porque se intuye un hilo narrativo en los temas, que aunque funcionen como buenas canciones por separado (especialmente Six days, la más comercial), parecen partes de un puzle que sólo al ensamblarse en el orden correcto nos cuentan una historia. Este concepto ha desaparecido paulatinamente con la llegada de la anarquía del mp3 y la vuelta a los “discos de canciones” y los temas redondos tipo estrofa-estribillo-estrofa-estribillo-fin.




DJ Shadow va más allá: no sólo hay un hilo narrativo sino que también divide el disco en dos partes, como si de un viejo vinilo se tratara. En su elaboración, sin embargo, combina el espíritu del sampler del hip hop (su cultura) y su norma básica, el ritmo, con la amplitud de miras de la electrónica noventera y sus pretensiones de trascender más allá del baile.

La inteligencia y la vastísima cultura musical y amplitud de miras del reputado productor le hacen construir un artefacto perfecto para abordar lo sombrío del futuro tras el 11-S a través de una combinación de ricas texturas casi siempre acústicas (la electrónica de DJ Shadow está en el proceso de construcción, no en el sonido), ritmos funky sampleados, bajos atmosféricos y detalles enriquecedores. “And here’s a story about… being free”, dicen en el penúltimo corte, You can’t go home again. Ya no podemos regresar al hogar, porque no existe, ha cambiado y tenemos que adaptarnos. La incertidumbre era la misma para la situación política y para la industria musical del momento. Ahora, en el nuevo estado de las cosas, miramos al pasado y todo nos parece tan extrañamente ajeno. Quizá esa sea la aspiración de Josh Davis: ha pasado de moda y está en camino de ocupar un lugar dentro de los clásicos, que es donde mejor se siente.

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viernes, noviembre 13, 2009

Discos de la Década: #20, The Gutter Twins - Saturnalia (2008)

Para los que vivimos con cierta intensidad la segunda mitad de los 90, hay ciertos nombres que forman parte de una cierta élite; la de aquellos que se vieron atrapados en los dos grandes movimientos musicales de la década, al menos en cuanto a atención mediática, Brit-Pop y Grunge (aunque se perfectamente que hubo mucho más, y podríamos pasarnos años discutiendo ésto, no es el momento), pero que nunca consiguieron el reconocimiento masivo de las cabezas visibles. En la escena de Seattle había dos bandas tremendas, Afghan Whigs y Screaming Trees, a las que se les adjudicó la etiqueta de Grunges sin serlo realmente. O siendo mucho más que eso.


Dicho lo cual, resulta irónico (o merecido) que, mientras las cabezas visibles naufragan miserablemente con reediciones, albumes mediocres en solitario, de vocalistas para un yonqui con sombrero de copa, o siendo muy populares al frente de una banda malilla, los señores Greg Dulli y Mark Lanegan se sacan de la manga lecciones magistrales como ésta.

No es ninguna sorpresa. Lanegan se ha especializado últimamente en prestar su alucinante chorro de voz en dos álbumes con Isobel Campbell, sobresalientes ambos y que hubiese colocado en ésta lista de no ser por la aparición de Saturnalia, y colabora regularmente con Greg Dulli, en su otro proyecto, The Twilight Singers. Y Dulli no ha parado quieto con ese proyecto, o produciendo o colaborando en otros tantos.

Pero ésto va más allá de una simple colaboración. Saturnalia es un disco que, además de ser musicalmente excelente, escuchadlo, es toda una revindicación de dos compositores en estado de gracia, y dos letristas dispuestos a llegar a niveles de profundidad (y oscuridad) pocas veces vistos. Profundidad y oscuridad apoyadas en un sonido denso, a veces asfixiante, y en las voces de Lanegan, cada vez más grave y arenosa, cada vez más cerca de convertirse en el primo maldito de Tom Waits, y de Dulli, emocional y desperanzada, que aquí suena como un constante grito desesperado de socorro.

La oscuridad en la música es a veces brillante y magnética. Escuchen ésta maravilla y quizás entiendan cuanto.

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