Apetitos afilados. Dientes entonados. Oídos hambrientos.

martes, marzo 11, 2008

Revolucionarios de peluca empolvada

Cuando se habla de música y política, parece que lo que hay que mencionar son cosas The Clash, el punk, el folk más combativo, etc. Otras músicas parecen más cerradas a la expresión de ideas incendiarias y por ello cómplices ante un público acomodado de la necesidad de llamar la atención sobre la realidad que nos rodea. Después de todo, es música, es una forma de evasión, de viajar a otros mundos, ajenos al devenir del día a día, mundos felices que evitan al oidor la concienciación política. Para eso servía el arte, ¿no?

Nada más lejos de la realidad. La música es eterna, pero los músicos son productos de su tiempo. Y desde que las ideas sobre el poder de los hombres para cambiar el orden establecido comenzaron a circular por las mentes de algunos privilegiados, los músicos prestaron orejas e ingenio a la nueva realidad.

Quizá el primer músico “revolucionario” en sentido estricto sea Mozart: no en vano, vivió de primera mano el principio de todo esto, la Revolución Francesa. Un hombre que siempre está caricaturizado como de personalidad infantil, incapaz de la trascendencia, es también uno de los mayores agitadores políticos de la época, aunque, como todo en Mozart, de forma sutil e ingeniosa. No en vano se alió con elementos de la talla de Lorenzo da Ponte, vividor y liberal, para que le escribiera los libretos de algunas de sus óperas. Y de esa unión nacieron obras como Las bodas de Fígaro, que para un espectador poco avispado podía parecer casi una comedia de enredo, y sin embargo el texto teatral en el que se basa fue prohibido en su época, pues es una crítica a la servidumbre y las maneras del Antiguo Régimen, y un canto liberal a la igualdad del ser humano. Estas ideas fueron limadas en la versión operística que, de otra forma, no hubiera pasado la censura.

Pero quizá la música "política" más famosa del compositor austriaco sea la de La flauta mágica. Esta ópera es tomada como una parábola masónica, y por tanto, difusora de las ideas más modernas de la época. Estrenada en 1791, meses antes de la muerte del compositor, quizá pasó más inadvertida en ese sentido que la anterior: después de todo, había una revolución real de por medio, que había sacudido como un terremoto a toda Europa.

Si Mozart sacaba punta a las nuevas ideas con finura y sutileza, Beethoven lo hacía a patadas: de forma impactante, como su música. De ahí su sinfonía número 3, la Heroica, dedicada en principio a Napoleón, cuando el alemán veía en el francés a un seguidor de las ideas más liberales. El alemán le retiró la dedicatoria cuando vio en él a un déspota y a un tirano. Pero su mayor obra política es también su mayor obra, a secas, y en opinión de este escribiente la mayor obra de arte creada por la humanidad: la Novena, la Coral, esa monumental sinfonía estrenada en 1827 cuya popularidad se extendió como la pólvora casi al instante. Eran tiempos duros, en que las ideas liberales sufrían una dura represión, y los comprometidos textos de Schiller transformaron, por sugerencia de la censura, la Oda a la libertad en Oda a la alegría. Sin embargo, esto no disminuyó un ápice el carácter revolucionario de la sinfonía, y no solo en lo que a lo musical se refiere. Wagner, otro de los que dejan ver de forma translúcida su visión del mundo en sus creaciones, la tomaba como ejemplo de las ideas más humanistas y de hermanamiento de pueblos… hasta que su concepción política dio un vuelco y la tomó como un símbolo de la identidad alemana y de su superioridad frente al resto.

Mientras que en los estertores del romanticismo literario éste se volvía cada vez más fantástico y alejado de la realidad, también más morboso y tétrico, en música, contrariamente a lo que se podía pensar, el peso de la época estaba muy presente (y la música nunca dejó de ser luminosa). Incluso autores tan ensimismados como Chopin tenían presente la realidad social de su momento, y prueba de ello es el Estudio nº 12 en do menor para piano, apodado como Revolucionario. La pasión desborda a esta obra, compuesta a raíz de la represión de los alzados de Varsovia contra la dominación rusa. Puede ser un ejemplo del nacionalismo exacerbado de los románticos, pero esta vez va más allá de adaptar formas de la música tradicional del país y de la afirmación del terruño, es toda una declaración de intenciones contra el poder tiránico.

Avanzado el siglo XIX, el romanticismo sigue presente en la música, y con él las veleidades nacionalistas de distinto signo. Paradigmático es el caso, en la ópera (que por su capacidad narrativa posibilita una mayor expresión política), de Verdi y Wagner. Ambos representan dos visiones contrapuestas de este arte y dos concepciones nacionalistas no menos enfrentadas: mientras que el italiano es famoso por su liberalismo garibaldino del ala más radical, el alemán, como hemos visto antes, pasó del progresismo más internacionalista al germanismo más reaccionario: su obra es una exaltación de los símbolos de su patria, hundidos en el pasado, en la tradición más inamovible.

Llegados al siglo XX, el siglo más político de la historia, el activismo musical disminuye, al menos en forma. Las ideas renovadoras y la hermandad de los hombres se diluyen, los nacionalismos se han convertido en una explotación folklórica sin ningún tinte social destacado, aunque a veces dejan un ligero tufillo conservador (Rusia puede ser un caso aparte… o no): quizá la única pieza reseñable sea la Atlántida de Falla, que era el legado del músico a la humanidad desde su exilio en Argentina tras la Guerra Civil, pero es más emotivo que ideológico. En este siglo, los cantos a la libertad son sustituidos por gritos desgarradores, producto de las dos guerras mundiales (Messiaen, Penderecki), y el nihilismo va transformándose hasta convertirse en intrascendencia.

Ahora la política de los músicos se basa, si es que la tienen, en los actos. El más destacable de ellos viene de parte de Baremboim y su West Eastern Divan, orquesta formada por jóvenes palestinos e israelíes. La libertad no está perdida.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Te has olvidado de Cimarosa, como todo el mundo.

13/3/08 18:39

 
Blogger Milton Malone said...

Y del Porgy and Bess de Gershwin.

31/3/08 12:50

 

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