Apetitos afilados. Dientes entonados. Oídos hambrientos.

sábado, febrero 09, 2008

Third world dance

Cuando estuve en Tetuán, el pasado diciembre, tuve la oportunidad de escuchar dos grupos de música tradicional de aquellas latitudes. Nuestro guía, el director del colegio español Jacinto Benavente de Tetuán, nos estuvo explicando las características de estos grupos: uno era de corte más lúdico (y estaban completamente locos, uno de los tipos sacaba de un saco cualquier cacharro), todo percusiones y una especie de trompetas sin pistones larguísimas, que tenían que montarse para ser tocadas de lo largas que eran. El otro grupo era una cofradía (Marruecos es el único país donde existen, pues el Islam no las permite), donde había percusiones, instrumentos de cuerda y un coro que cantaba y bailaba hasta entrar en trance (luego hacían cosas como tirarse sobre cactus y beber te hirviendo), las tonadas infinitas que repetían una y otra vez y que variaban de repente creo que se llamaban nawales, y eran cánticos religiosos que podían durar tres cuartos de hora. Mientras tocaban, nuestro guía nombraba los instrumentos y su historia (la pena es que se me haya olvidado casi todo), y el dire de mi big band nos preguntaba de vez en cuando en qué compás estaban tocando, saliendo estructuras super-raras de 10 por 4 y cosas así... Pero estructuras superbailables. Y ahí tuve mi epifanía: un grupo de estos, si en lugar de chilabas blancas y zapatos desgastados les pones ropas de última moda triunfarían en Benicassim a las 2 de la mañana. Era tal la apoteosis rítmica que eran imposible no dejarse llevar, aderezada por trompetas y cánticos.

No he sido el único en darme cuenta del potencial bailable de las músicas étnicas, injustamente agrupadas en torno a un denominador discriminatorio que las hace ver como si fueran iguales. Desde Sri Lanka en origen, desde Inglaterra en proyección, M.I.A. descubrió el potencial de los ritmos y el tenso fraseo tamil, y lo mezcló con otras cuantas culturas más, incluyendo la techno y el hip hop, y aprovechó la ocasión para dar una patada a la farsa de la globalización.

Pero si no estuviera viviendo en Inglaterra y cantando en inglés se habría comido los mocos.

Desde una de los rincones más ricos del mundo, el Mediterráneo, viene Shantel, alemán de orígenes balcánicos, popularizando la extraordinaria música de su tierra (y de muchas otras más, no hay forma de decir dónde acaba una cultura mediterránea y dónde empieza otra, incluyendo el flamenco, que tiene elementos comunes con el resto de músicas de las orillas de este mar). A éste sí que le importa menos el idioma, y a veces añade sonidos dance familiares para que el melómano de turno no huya despavorido ante algo que no suena lo suficientemente anglosajón, pero a veces deja que la música simplemente siga su curso. Acompañándole han venido unos cuantos compatriotas, de tierra o de alma, a cada cual más gamberro y divertido, encabezados por Gogol Bordello.

- Señora, pero todo esto ¿no lo hacía ya Goran Bregovic, y mejor?

- Sí, pero antes no estaba de moda.

También hay que hablar de la pretendida invasión Bollywood de las pistas (comerciales) y el cine (comercial), más falsa que un billete de 1.500 pesetas.

Ala, y todos a bailar con la música de nuestros primos pobres.

Por cierto, los recopilatorios de Ethiopiques son la leche.




2 Comments:

Blogger hiperboreana Ingrid said...

aquí hay grupos que hacen este tipo de música como Nass Marrakesh, todos immigrantes marroquís, no sé si aún existen, si la necesidad habrá apretado o qué. Sí, en la India los conciertos pueden durar 10 horas y si eres un pardillo occidental no debes sufrir, alguien amable que se sentará a tu lado te dará de comer y beber... Más al este está el qawali (no sé cómo se escribe), la música que entonan Nusrat Fateh Ali Khan y su hijo o primo Rajat...
pd. ya se han agotado las entradas para ver a Nick Cave, sólo han durado una semana,
saluten

14/2/08 21:22

 
Blogger hiperboreana Ingrid said...

aquí hay grupos que hacen este tipo de música como Nass Marrakesh, todos immigrantes marroquís, no sé si aún existen, si la necesidad habrá apretado o qué. Sí, en la India los conciertos pueden durar 10 horas y si eres un pardillo occidental no debes sufrir, alguien amable que se sentará a tu lado te dará de comer y beber... Más al este está el qawali (no sé cómo se escribe), la música que entonan Nusrat Fateh Ali Khan y su hijo o primo Rajat...
pd. ya se han agotado las entradas para ver a Nick Cave, sólo han durado una semana,
saluten

14/2/08 21:22

 

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