Apetitos afilados. Dientes entonados. Oídos hambrientos.

jueves, marzo 05, 2009

La eterna duda

Hay dos tipos de aficionados al jazz: los de Billie Holiday y los de Ella Fitzgerald. Podría crear polémica innecesaria diciendo que los estilos de ambas cantantes son irreconciliables, pero no es cierto: uno puede estremecerse con la voz rota de la Holiday y sin transición ninguna elevarse a los altares escuchando a la Fitzgerald.

Pero ambas personifican dos estilos muy diferentes de concebir la vida, esto es, la música. Son como Mozart y Beethoven: mientras que las obras del austriaco son apolíneas, luminosas y etéreas cuenten lo que estén contando (porque los sonidos también cuentan historias), las del alemán están llenas de claroscuros y pasión desbordante, son personales e intransferibles, con la emoción predominando sobre la razón, al contrario que el alegre genio de Salzburgo.

Ni que decir tiene que Fitzgerald personificaría el espíritu de Mozart, y Holiday el de Beethoven. La música como vehículo del alma frente a la música como vehículo del corazón. Es curioso que los cantantes de ópera suelen preferir la perfección técnica de Ella, mientras que en otros estilos menos ortodoxos las inflexiones de Billie los vuelvan locos.

Personalmente, me quedo con Ella. No sé si en esta elección influye el tipo de persona que es uno, más racional, emocional o instintivo, pero algo me atravesó de arriba abajo la primera vez que escuché Everytime we say goodbye de su garganta. Toda la emoción del mundo estaba concentrada allí, pero no pugnaba por salir sino que fluía alrededor, tranquilamente, como las olas de un mar en calma.

Imagino que ahora sólo queda dar las gracias a Kayele por "recordarme" que debía escribir esto.


3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

(Obviamente) me quedo con Holiday. Para mí es "la" cantante del siglo XX. Desde luego no tiene ni la voz ni la técnica estándar, pero justamente demuestra que para sobresalir en un arte no hay que ser el más dotado ni el que más trabaja, sino tener algo especial que hace único.
Relacionado con esto, discrepo con eso de que los sonidos cuentan historias. Ni tan siquiera hablaré de neurología, simplemente remito a los momentos más placenteros que proporciona la música: nada que ver con los que obtenemos de las narraciones.

9/3/09 12:52

 
Blogger Kayele said...

Jejejej,

gracias, este post lo he entendido a la perfección. ;-)

Pero, por favor, no me hagas elegir, ¡¡¡no puedo vivir sin ninguna de las dos!!!

Es tan difícil, elegir una voz, la voz... hay tantas maestras, tantos estilos...
supongo que sí, en realidad depende de tu momento emotivo, no?

Si aún así me obligan a elegir... aunque ellas son la voz del Alma y la voz del Corazón, siempre me quedaré con la voz de una Diosa (Lisa Gerrard)... por encima también de la de un Ángel (María Callas) y la de una Sirena (Loreena MacKennitt)...

Curiosa la contraposición que haces entre alma y corazón...

9/3/09 21:44

 
Blogger Susu said...

¿Te gusta DJ Shadow?, qué grande eres.

Buenísimo post; eterno debate. Pero estoy con Kayele, ¿es que hay que elegir?

Yo voy a tocarte las narices un poco. Si me pones contra la pared te diré que soy de Ella (suscribo cada palabra sobre "Everytime we say goodbye" (¿¿cuándo quedamos para tocarla??)) pero te diré también, sin dudarlo mucho, que soy de Beethoven. ¿Esquizofrenia?

11/3/09 19:15

 

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