Apetitos afilados. Dientes entonados. Oídos hambrientos.

martes, septiembre 08, 2009

El tiempo les da la razón

Una de las críticas de la música "clásica" al estallido de la música popular de los años 50 y 60 era su comercialidad (¿les suena?), canciones para ser escuchadas en la radio mientras uno arregla el coche o hace la comida. Su duración debía ser necesariamente breve, pues el escuchante ocasional no debía tener tiempo para aburrirse. Canciones de usar y tirar. Sin embargo, la música "seria" puede ser tan larga como necesite para desarrollarse, pues es arte y no está sujeta a las leyes del marketing.

Para qué decir que esta afirmación duró menos que un caramelo a la puerta de un colegio. A finales de los 60 había artistas consagrados cuyas máximas creaciones podían pasar con facilidad de los cinco minutos, como Jimi Hendrix, Cream, la Velvet Underground, los Allman Brothers, etc. Incluso grupos tan comerciales como los Beatles tenían temas de larga duración, no precisamente hechos para emitirse en las radiofórmulas.

Sin embargo, dentro del mundo del rock se creó el mismo efecto cuando algunos quisieron diferenciar entre la música buena y la mala: entre las excusas que ponen los aficionados al rock sinfónico, al heavy rock, etc. para mostrar que su música es mejor están el virtuosismo de los instrumentistas y la duración de los temas.

La duración estándar de una canción suele estar entre los dos y los cinco minutos. Para mí existe una barrera en esas duraciones: si supera la cifra alta, me ando mucho de escucharla; si no llega a la cifra baja, mis prejuicios me indican que no tiene sentido que sea una canción buena, le falta desarrollo.

Es por eso que hoy me he decidido a reivindicar esos temas que no llegan ni a los miserables dos minutos. Se sabe que lo bueno, si breve (refrán con el que estuve tentado de titular el texto; afortunadamente, no lo hice)... Y los hay por todas partes: dos de mis composiciones favoritas de Tom Waits, Johnsburg, Illionois (del Swordfishtrombones) y Fawn (del Alice) duran un suspiro, igual que pasa con Simple things, de Belle & Sebastian (The boy with the Arab Strap) o In a letter never sent, de Even in Blackouts. Luego está la brevísima Her Majesty, que aparece al final del Abbey Road de los Beatles. Todas estas canciones resuenan en mi cabeza. Luego están los Ramones, cuyas canciones, salvo rara excepción, oscilan alrededor de los dos minutos. O Minor Threat, y se diría que en general una buena parte del punk y el hardcore.

Pero no hay mucha gente con el talento suficiente para hacer una buena canción de menos de dos minutos.

3 Comments:

Anonymous jorge regula said...

Amen!

Un par a bote pronto: "We are very greatly loved" y casi todos los temas de Half Handed Cloud o "New Year´s Kiss", de Casiotone for the Painfully Alone.

Las canciones por encima de los 4 minutos me despiertan dudas, por encima de los 5 me echan para atrás. Si duran más, las deshecho directamente a no ser que sean de la Velvet Underground o Joanna Newsom.

9/9/09 12:32

 
Blogger Milton Malone said...

¡Creía que como mínimo ibas a mencionar a Daniel Johnston!

9/9/09 13:08

 
Blogger Ángel said...

Una de las cosas que parecen ser más difíciles para muchos músicos es saber cuando acabar la canción. Si hay algo que me repele de ciertas músicas son las codas inacabables, estribillos repetidos una y otra vez hasta el fade-out, y lo que mi novia llama "guitar wanking", esas demostraciones de habilidad que duran minutos al final de canciones que serían mucho mejores sin ellas. Esas pajas guitarrísticas sólo se las perdono a Sonic Youth...

9/9/09 14:32

 

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