Apetitos afilados. Dientes entonados. Oídos hambrientos.

martes, septiembre 23, 2008

¿Actitud? ¿Qué actitud?

Al poco tiempo de haber comenzado este blog o bitácora musical su andadura, hace ya tres años, me cagaba en aquello conocido como actitud. Estaba harto de la cantidad de grupos chulitos que, con solo repetir continuamente tres acordes machacones —escudándose en el manido “espíritu punk”— y posar (sic) provocadores en entrevistas y fotos adyacentes, creían estar en los altares de lo que está de moda, auspiciado por publicaciones varias, especializadas o no.

Quién me iba a decir a mí que poco tiempo después valoraría la actitud como uno de los aspectos esenciales de la interpretación musical. Porque se trata precisamente de eso, interpretar. Dar vida a unas notas, a unas palabras, a un ritmo. El problema viene cuando esa actitud no viene acompañada de un conocimiento de lo que se hace, de un sentimiento impulsor, sino de las ganas de notoriedad. En fin, que no me retracto del todo.

Pero de lo que sí me he dado cuenta es que para tocar bien un instrumento hay que saber que se toca bien el instrumento. Sin reservas, sin timideces: que no haya filtro entre tu corazón —o tu cabeza— y la herramienta. Y cuando esa herramienta es la voz, esto es más cierto que nunca. Mierda, el divismo se hace necesario. Tener una gran personalidad o creársela.

He ahí el dilema. Hay que poner toda la carne en el asador, sin dejar que la personalidad de la cantante —en femenino, por eso del divismo, pero anda que no hay divas testosterónicas— acabe engullendo a la propia canción.

Por suerte, hasta que el ego de una gran voz acaba con cualquier atisbo de empatía con el público suelen pasar un puñado de años, que disfrutaremos tan rápido como podamos.

1 Comments:

Blogger Czkien said...

Muy interesante esto. Y de acuerdo en casi todo. Me parece muy acertada la comparación entre el papel de una pieza dramática y la partitura musical.

Me recuerda a algo que escuché decir a Javier Bardem una vez: Es el ego quien lleva a un intérprete sobre el escenario, pero una vez ahí, el conocimiento del mismo ego es el que define a un buen actor.

30/9/08 16:56

 

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